3. Quemador lento
by admin
¡Pon tu metabolismo a funcionar sin calorías!
A todos nos resultan familiares comentarios como: “engordo tan solo con oler las galletas”, o quejas como “ hago un montón de ejercicio a diario, pero a nada que coma, gano de nuevo peso”, y eso que “como menos que los demás”. Frustrante; especialmente cuando uno practica ejercicio por encima de su capacidad de motivación y come menos de lo que le gustaría.
La explicación es sencilla si conseguimos olvidarnos de pensar en calorías o en si “esto engorda más o menos” o “engorda o no”. Lo que ocurre es que a quienes les pasa eso tienden a conservar la energía en forma de grasa para mantener la alta carga de ejercicio y la baja cantidad de ingesta a la que someten su cuerpo.
La realidad es que por dentro somos complejos y lo complejo no es complicado sino que simplemente exige respuestas complejas y elaboradas, adaptadas a cada uno y no respuestas simples basadas en las matemáticas de las calorías.
Es decir, si tu forma de “quemar” la energía es lenta, deberás dar alimentos que provoquen una liberación de energía lenta pero constante, como las proteínas y las grasas (si ya sabemos que tienen el doble de calorías, ¿y que!!!!!!????). Así pues, si damos a un cuerpo de metabolismo lento, un exceso de energía que se oxida muy rápido (como los hidratos de carbono: arroz, pasta, pan, galletas, dulces, cereales…) lo que provocamos es una falta de utilización adecuada, pues esta energía se libera demasiado rápido y ello provoca que no se pueda utilizar toda con rapidez, ocurriendo que:
- queda mucha energía en la sangre que va a almacenarse en forma de grasa (pues a pesar de lo que creamos o de lo que digan los anuncios, el agua no hace que perdamos grasa),
- la poca que es utilizada no es suficiente para atender las demandas de ejercicio, demandas intelectuales, emocionales, nerviosas,
- lo peor: no es suficiente para atender la demanda exigida para asegurar una buena recuperación de las células.
Todo ello provoca que mantengamos las reservas de grasa, que no prosperemos con el ejercicio y que además nos sintamos desanimados, cansados o fatigados, permanentemente.
SOLUCIÓN: olvídate de pensar en calorías y piensa en el tipo de energía que necesitan tus células y si no, tan solo pregúntate lo siguiente:
- ¿por qué los esquimales, que son de nuestra especie, solo comen proteínas y grasa, desconocen lo que es una verdura o una fruta, pero no saben lo que es tener cáncer, hipertensión, infartos o artrosis?
- ¿por qué tu engordas fácilmente y tu hermano, que ha crecido contigo comiendo lo mismo, come lo que quiere y está ágil y esbelto?
Por Fuera somos diferentes, por dentro también.
Pero, si tu te sientes identificado con el caso anterior, y si eres capaz de olvidarte por un momento de las calorías y de lo que tu crees que engorda más o menos, por en práctica lo siguiente:
- distribuye tus alimentos durante el día de manera equitativa; de esta manera podrás ofrecer una energía duradera sin provocar alarma en tu cuerpo y que tienda a hibernar para conservar la energía,
- mantén una distribución equitativa de nutrientes, especialmente de proteínas, frutas y verduras en todas las comidas, para proteger, reparar y construir tus músculos, articulaciones, hormonas, neurotransmisores y enzimas,
no te excedas con el ejercicio aeróbico por que creas que así quemarás tu exceso de grasa; compagínalo con los circuitos de tonificación.
PARA ELLO CONSÚLTALO CON TU TÉCNICO DEPORTIVO.
Fdo: Jose Manuel Román García,
dietista-nutricionista